Una cuestión que hemos ido viendo a lo largo de toda la Travesía Capricornio, desde Jujuy hasta Misiones, es la cantidad de escuelas en el ámbito rural que apenas sobreviven con unos pocos alumnos. A veces con dos, cinco, hasta diez alumnos, toda una escuela, incluso con edificios nuevos muy lindos. Y eso no es más que el reflejo de esta migración, quizás un poco silenciosa, del campo a la ciudad. Argentina es un país netamente de urbanitas. La gente vive en ciudades grandes, medianas, en pueblos más o menos grandes, y el espacio rural se está deshabitando, o por lo menos se está deshabitando en forma permanente. Eso probablemente tiene que ver con que han mejorado las condiciones de las  rutas y es más fácil del campo llegar a la ciudad, hay más necesidad de conectividad, a veces las exigencias de los hijos y el llevarlos a otras escuelas, la incomodidad muchas veces de vivir en el campo con los cortes de luz, los cortes de agua, la demanda a veces que requiere de uno en la cotidianidad y también una realidad de que las oportunidades laborales en el campo e incluso las oportunidades productivas para actores medianos y pequeños es muy baja, es muy ciclotímica en el tiempo y eso hace que mucha gente se vaya desencantando de la vida rural y de las posibilidades de salir adelante a través de un trabajo digno que depende del propio esfuerzo. La falta, a veces de capacidad de inversión, los chicos que no quieren seguir viviendo la vida de los padres en el campo, que les llama más la ciudad, la conectividad, entre otras cosas. Esto va haciendo que esas escuelas que hemos visto a lo largo de toda la Travesía Capricornio sean el testimonio vivo e inapelable de que la gente se está yendo del campo en la Argentina, en gran parte del Norte Grande.