«Prácticamente no ha habido día o noche, si se quiere, ya sea en casas de familia, en campings, a la vera de la ruta, que no se haya acercado de uno a cinco perros al campamento. Pareciera un hecho trivial, pero los perros probablemente son los no humanos más frecuentes en distintas situaciones en las que nos hemos visto a lo largo de esta Travesía. Siempre han estado con nosotros y siempre esa misma actitud, ¿no? De sentarse mansamente y esperar a ver qué es lo que le podemos dar. Probablemente esa actitud es la que ha hecho a los perros tan sensibles a la interacción con los humanos y nos ha hecho sobre todo a los humanos tan sensibles a la interacción con los perros. Y siempre a la larga algo van a obtener de nosotros, pero quizás el ejemplo en ese sentido que nos pueden dar es que a veces para sacar lo mejor de cada uno de nosotros es necesario también saber esperar. Y los perros me dan la impresión, saben esperar.»