“Hoy es sábado, salimos bastante temprano después de una noche tremendamente agitada, por la dinámica de que el río comenzó a llevarse la terraza donde estábamos acampados. Al amanecer ya estábamos todos bastante activos, de un lado para el otro, algunos tratando de dormir un rato más. Ya entre las 9 y las 10 de la mañana estábamos todos en el agua nuevamente navegando en dos piraguas, un bote inflable y un bote de madera. Navegamos todo el día hasta casi las 5 de la tarde donde encontramos otro campamento. La travesía fue bien, intensa, muchas horas. Por momentos se levantaba mucho viento, lo cual traía dos dificultades. Una, la visibilidad, porque levantaba la arena de los bancos al costado del río, con lo cual dificultaba mucho la visión y daba la impresión de un viento mucho más fuerte. Y además, sobre todo cuando soplaba en contra de la corriente, levantaba olas relativamente importantes que salpicaban bastante. Se pasaba permanentemente de un río picado, que por el momento parecía un poco agresivo, a un río completamente calmo en solo una curva. Al medio día pasamos por el pueblo de Sauzalito, Chaco donde compramos algunas provisiones, fundamentalmente cerveza. A partir de las 4 de la tarde empezamos a buscar un lugar para acampar, que esos lugares implican que todos los bosques puedan llegar hasta la orilla, que no tenga acantilados, que estén secos, que haya leña al alcance. Al final del día comimos un chivito que todavía duraba congelado, así que fue tremendamente reconfortante terminar el día con semejante cena espectacular”.