“Hoy, primero de agosto, entramos en el cuarto mes de travesía. Seguimos en el camino por la Ruta 40, alejándonos de los Esteros del Iberá. Cada vez se van haciendo más frecuentes las plantaciones forestales. No dominan el paisaje, pero son muy frecuentes a lo largo de la ruta de ripio, tierra y arena que vamos caminando. Las plantaciones se van intercalando con campos de pastoreo y bueno, uno siempre piensa, ¿no? en este tema del cambio del paisaje generado por las plantaciones. Uno cree que espacios como la Reserva Natural Iberá, deberían no priorizarse para el desarrollo de plantaciones que, de alguna manera, alteran el paisaje, pero por otro lado son contribuyentes muy importantes a mantener zonas en muy buen estado de conservación con especies vulnerables o en peligros en otras zonas del territorio provincial. Asique creo que ahí hay que trabajar siempre eso en dónde se prioriza y en dónde no, y en dónde se prioriza, cómo se contribuye a que ese esfuerzo que ellos también hacen de conservación se pueda vincular con los espacios protegidos. Yo iba caminando por la ruta y veía las amplias banquinas y también propiedades adentro con pastizales nativos muy bien desarrollados y realmente constituyen corredores donde varias especies probablemente de aves, de ratones, de insectos, quizás de reptiles, las deben usar ampliamente para moverse de un lado al otro. Hay desafíos muy importantes respecto a que el avance de una actividad (que de alguna manera implica cambios importantes en el paisaje y en las condiciones del suelo y del hábitat) se haga de una manera que permita seguir manteniendo la biodiversidad de la región. Creo que ese es el gran desafío, creo que Corrientes lo viene haciendo y por supuesto que hay que fortalecer y profundizar ese modelo y también adosarle evaluaciones que permitan justamente asegurar el seguimiento de esta biodiversidad en un territorio tan rico y particular como este”.