“Luego de haber recorrido gran parte del trayecto a pie de la Travesía Capricornio, es decir, casi la mitad, (ya en este momento debemos llevar como 1.500 kilómetros a pie) y una parte importante de esos 1.500 kilómetros lo hemos hecho por rutas asfaltadas. Con mucho movimiento de vehículos pasando obviamente por parajes, pueblos, ciudades chicas. Y la sensación que uno tiene al caminar por esos paisajes fuertemente antropizados es que de alguna manera uno está viendo la naturaleza del futuro. Es probable que a medida que las actividades humanas sigan incrementándose y siga incrementándose la expansión territorial de las actividades humanas, estos paisajes en donde lo nativo convive con lo exótico, lo que viene de otras partes, van a ser cada vez más habituales. Probablemente fuera de ciertas áreas alejadas de todo, esos van a ser los paisajes más normales o más comunes. Y eso nos lleva también a una reflexión sobre esta mezcla de especies del lugar con especies de otras partes que es tan típica de las actividades híbridas, sobre todo de los desplazamientos humanos. Los humanos nos desplazamos con nuestra cultura, con nuestros pensamientos, pero también con nuestras especies. Y en gran medida las especies que consumimos o las especies con las que parquizamos nuestras casas o nuestros alrededores, van con nosotros. Y van con nosotros no importa a qué parte del mundo vayamos. Y si esas especies encuentran una situación propicia, de alguna manera se van asilvestrando y se van afincando en nuestros territorios. Y los humanos en esta etapa de la evolución de la vida sobre la tierra estamos cumpliendo un rol que antes quedaba quizás solo relegado a ciertos procesos geológicos o climáticos, como la deriva de placas, la tectónica de placas que han unido y separado continentes, o la propia geología que ha elevado montañas y ha desarrollado barreras o la climatología, asociado con ascensos y descensos del nivel del mar que ha vinculado o dejado de vincular territorios que lo estaban. De alguna manera todos esos hechos, que se pueden decir “naturales”, hoy somos los humanos los que estamos generando esa mezcla. Y en ese sentido, esos conceptos de exótico y nativo, son un concepto cultural, un concepto que proviene de nuestra propia esencia. Y para la naturaleza no hay exóticos y nativos, para la naturaleza están las especies que sirven y las que no sirven. Las que sirven se usan y sobre las que no le sirven habrá indiferencia y ese no uso puede hacer que esa especie termine de desaparecer en el tiempo o no. Dependerá de las necesidades de vida de esa especie. Pero la realidad es que hoy los espacios, los paisajes en donde nos movemos los humanos son una amalgama, una mezcla entre especies de muchas partes del mundo que nosotros hemos sabido traer y generar las condiciones iniciales para que se puedan establecer. Y muchas especies nativas empiezan a depender de esas especies exóticas. Entonces es una nueva mezcla que nosotros hemos generado, que nosotros estamos manteniendo y que así va a perdurar en el futuro. Y la verdad, si somos parte de este planeta y si somos parte de esta naturaleza, lo que nosotros hacemos no debería ser objetado por nosotros mismos, sino aceptar esa realidad y aceptar que el mundo está cambiando a instancias nuestras y nosotros estamos generando una nueva biogeografía, si se quiere la “biogeografía del antropoceno”, es decir, la distribución de seres vivos a partir de las actividades antrópicas. Ese es el futuro, ese es el mundo y la naturaleza que se viene. Luchas contra las especies exóticas lo veo parecido al Quijote luchando contra los molinos de viento, seguirán girando mientras haya viento, como se seguirán mezclando especies si nos seguimos moviendo por el mundo”.