Editorial
No seas Guanaco: dilema estepario
“La tribu de los onas habitaba en el interior (de Tierra del Fuego), así como en la parte norte y oriental de la isla principal, pero en ciertas ocasiones, algunos de estos individuos penetraban en la región de los yaganes hasta llegar al extremo este del canal de Beagle. Sus únicas armas eran los arcos y las flechas. Vivían casi exclusivamente de carne de guanaco. Se vestían con las pieles de estos animales y las utilizaban también para arreglar sus refugios”. El Último Confín de la Tierra, Lucas Bridges (1874-1948).
Más allá del origen y del uso del término “guanaco”, despectivo para unos y motivo de orgullo para otros, se refiere en general como “guanaco” a un animal emparentado con los camellos, vicuñas y principalmente con la llama altiplánica. Habitante de los ambientes más hostiles a la colonización humana como el Gran Chaco Americano, el Altiplano puneño y la Estepa patagónica.
Sin duda el guanaco es un símbolo de la Patagonia, de su silvestría territorial, de sus espacios inconmensurables, de la libertad. Pocas cosas me resultan personalmente tan agradables como surcar su geografía esteparia, sus rutas interminables y observar la presencia de los guanacos como custodios de ese mundo mítico y salvaje, como ha sido mantenido hasta nuestros días por sus habitantes, poblaciones originarias y gauchos llaneros esteparios provenientes de muchas otras y lejanas geografías.
El guanaco ha sido y es un componente importante de sus paisajes y su presencia nos da la tranquilidad de un espacio en armonía entre la producción y la conservación de la naturaleza. Para muchos, su actual abundancia (que es fácil constatar al andar por esas rutas patagónicas) es un problema para su producción ovina, para otros es la prueba de los desequilibrios ecológicos causados por la sistemática eliminación de su principal predador, el puma. Ambos temas son controversiales……
Se calcula que en Argentina hay alrededor de unos 2 millones de ejemplares, estando el gran grueso habitando las estepas patagónicas, principalmente en provincias como Santa Cruz, Chubut y Tierra del Fuego. De algunas ecorregiones como el Gran Chaco argentino se han extinguido y solo queda el recuerdo en su toponimia (“Pampa de los Guanacos” en la Provincia del Chaco por ejemplo). A este número poblacional hemos llegado en paisajes claramente productivos, protegidos por las distancias, la escasa población y los enormes espacios silvestres que una actividad ganadera extensiva y en franco declive, ha permitido que perduren a través del tiempo.
Es decir, mantener guanacos y ovejas ha sido la clave de un paisaje productivo en armonía que nos invita a visitar y a disfrutar de esta geografía sin igual, de esas extensiones que en pocos lugares del mundo podemos vislumbrar y que es marca registrada de la Patagonia.
Frente al crecimiento potencial de esta especie, y a los problemas que se intuyen (justificadamente o no) que puede provocar a la cría del ganado ovino, voces de productores y políticos se han alzado reclamando un control poblacional, que a su vez pueda convertirse en la entrada de nuevos recursos económicos a partir de la comercialización de su carne magra, su cuero y manejando sus poblaciones silvestres, obteniendo su valioso pelo.
Por supuesto que tales decisiones deben estar acompañadas de la información y monitoreo necesarios para asegurar en el tiempo, la efectividad de las medidas y el mantenimiento de las poblaciones en niveles adecuados y con una distribución geográfica suficientemente amplia, al menos como la actual. Tenemos los recursos humanos e institucionales para ello y para que sea realmente efectivo se debe contar con la participación y el compromiso de quienes hasta nuestros días han permitido que el guanaco sea un elemento importante de los paisajes patagónicos: el productor ganadero!
Como espacio poco poblado y fronterizo, la Patagonia ha sido foco de esfuerzos desde el Estado Nacional muy importantes de conservación de la naturaleza, donde alrededor de 2.5 millones de hectáreas están incluidas en Parques y Reservas Nacionales en esta región. Casi un tercio de la superficie protegida de todo el país está sólo en la Patagonia y casi 2/3 de la superficie protegida nacional bajo la jurisdicción de la Administración de Parques Nacionales. Pero que hoy se encuentren espacios increíbles, merecedores de los mayores deslumbramientos humanos fuera de estas reservas ecológicas (e incluso dentro de ellas) es posible gracias a la historia humana de estos territorios. Es por ello que es imprescindible, que los esfuerzos crecientes de protección en la región, se desarrollen en conjunto y en consonancia con los planteamientos de los custodios naturales de estos territorios, nuevamente: sus productores!
La mayor dificultad con que se encuentra el manejo y conservación de la diversidad biológica es compatibilizar su mantenimiento con las acciones de quienes ejercen la cotidianidad del manejo de estos vastos territorios. Sin ellos no sólo no lograremos el éxito de nuestras metas conservacionistas, sino que tampoco estaremos honrando su legado histórico al país, que no es otro que estos hermosos parajes que motivan nuestra admiración y compromiso por mantenerlos de cara al futuro.
El guanaco ha sido pieza clave de la supervivencia de las poblaciones humanas desde el inicio de la aventura humana en estos inhóspitos territorios, tal como lo pone en evidencia el relato de Lucas Bridges mencionado en el acápite. Pero también ha sido una pieza clave durante el proceso de colonización moderna de los mismos. Es nuestra responsabilidad asegurar su persistencia en el tiempo en armonía con las prácticas productivas y como atractivo de una industria creciente en estos territorios como lo es el turismo, actividad de la cual el guanaco constituye una presencia emblemática.
Dr. Alejandro D. Brown, Presidente Fundación ProYungas
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