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El Pilcomayo, un río «a campo traviesa»

«Cuántos varoniles esfuerzos y cuántos sacrificios estériles! Y el río del Chaco tan salvaje e indómito… En el desenfreno de sus instintos, sigue rodando sus aguas con giros engañosos, ora desbordado y terrible, ora encerrado en cauces desconocidos siempre artero e implacable con quien intenta arrancarle sus secretos». Ramón Lista (Buenos Aires, 13 de septiembre de 1856 – cercanías de Orán, 23 de noviembre de 1897).

Como ocurre periódicamente desde ProYungas, nos adentramos en uno de los grandes espacios silvestres, cultural y ambientalmente hablando, de nuestro país. Por espacio de alrededor de 230km recorrimos por vía fluvial el río Pilcomayo en Salta y Formosa, este río que demarca nuestra geografía nacional, allá por la frontera norte, con Bolivia y Paraguay.

Aún no habían empezado a sonar las chacareras del Trichaco, este festival organizado por el “Chaqueño Palavecino” en Santa Victoria Este, cuando nuestras canoas se estaban deslizando corriente abajo en busca del puente internacional que une Misión La Paz con Pozo Hondo en Paraguay. Una recorrida que quiso que acampemos la primera noche en Bolivia, la segunda en Paraguay y las restantes 4 noches en Argentina. Una semana de intenso contacto con la realidad chaqueña, una realidad muy lejana al pensamiento de los argentinos que ignoramos su presente, como también y sobre todo su pasado.

La inclusión de la región del Pilcomayo en nuestra geografía nacional es una de las historias más cruentas de la colonización de la frontera norte, donde muchos exploradores, científicos, militares e indígenas perdieron la vida en enfrentamientos crueles, en el marco de un ambiente hostil que no dio tregua nunca.

En este marco de una naturaleza salvaje y duros encuentros humanos, el Pilcomayo también mostró su naturaleza salvaje, su pasión indómita por transcurrir, pasión que aún hoy domina su comportamiento ambulatorio, que lo lleva a abrirse camino a través del bosque chaqueño, “a campo traviesa” como reza el título de esta nota. Es que hace unas décadas este río abandonó su cauce “natural” que oficiaba de límite oficial entre Paraguay y Argentina, para dirigirse en dirección SE enteramente por territorio argentino. En este cambio de cauce arrasó superficies enormes de bosques de quebrachos y algarrobos, depositando cientos de miles de toneladas de sedimentos arrancados a la geografía andina a sus orillas, construyendo año tras año un nuevo paisaje fluvial en la región. Es así como los bosques secos están dando lugar a extensas playas fluviales que son rápidamente colonizados por densos bosques de “bobos” y “sauces” cuyas edades reflejan los distintos años de inundaciones periódicas y depósitos de sedimentos fluviales.

A este deambular zigzagueante se ha ido adaptando la biodiversidad que a sus orillas y sobre las playas parcialmente inundadas buscan su sustento. Caimanes, chajaes, espátulas, patos siriri, jabirús, garzas de varias especies, carpinchos van acompañando la travesía, despertando el interés creciente por lo que se está por ver, lo que se está por descubrir detrás de cada curva, de cada empalizada, de cada barranca amenazante.

Pero el Pilcomayo, hoy como ayer, es un río cultural, un río profusamente habitado por distintas etnias que han sabido a través de los tiempos obtener del río lo que necesitan para sobrevivir. Día tras día, se podía observar a las orillas pequeños grupos de chorotes, chulupíes o nivaclé y wichies, pescando con “red pollera”, con “red tijera” o simplemente con caña de pescar en busca de obtener sábalos, bogas, bagres, o surubíes y dorados, pescados que cada noche acompañaron nuestra cena junto a un fogón como sólo el Chaco puede ofrecer.

El río Pilcomayo cada verano, como ha sido más que notorio este verano del 2018, crece exponencialmente anegando vastos territorios, construyendo enormes empalizadas de árboles arrancados en su transcurrir, obligando a sus poblaciones a migrar temporalmente, y muchas a veces a perder lo poco que tienen…..Pero cuando el agua baja, estas poblaciones regresan a sus espacios territoriales a continuar con su dura existencia, en un ambiente generoso, pero a su vez hostil a la presencia humana.

Esta conjunción de los aspectos de dinámica fluvial del Pilcomayo y la fuerte impronta natural y cultural a sus márgenes, nos llevan a plantear la necesidad de poner en valor este ecosistema, este espacio de nuestra geografía transfronteriza, este espacio compartido con Bolivia y Paraguay. Un espacio que potencie el territorio con un mensaje de inclusión social, de protección ambiental y de manejo adecuado del recurso hídrico, temas que sólo podrán ser abarcados correctamente desde una perspectiva holística trinacional.

Este deambular zigzagueante del Pilcomayo culmina hoy en el “Bañado La Estrella” como antaño lo hacía en los “Esteros de Patiño”, un espacio de áreas anegadas, lagunas, camalotales y totorales, un humedal que da vida a la rica ictiofauna del río, donde habitan los Pilagá, un grupo humano como lo demostró nuestro compañero de viaje, cuya vida transcurre en la inmensidad de los espacios acuosos y que aspira a que la valorización de estos paisajes signifiquen también nuevas oportunidades para su gente. En eso estamos y hacia allá vamos…

Por ProYungas - 23 / 07 / 2018