Editorial
Las 7 Maravillas «Naturales» de Argentina, ¿sólo se trata de naturaleza?
Este concurso se lanzó por parte de New 7 Wonders, con el objetivo de «inspirar y concientizar sobre la conservación de las bellezas originarias de todo el país», a través de la selección de 7 íconos. La primera etapa fue la nominación, en la que se incluyeron más de 200 lugares naturales, entre los que se votó a 77 preferidos por el público. Hoy, tras el anuncio de los 28 finalistas por parte de un panel de expertos, especialistas en áreas de ciencia, turismo, fotografía, periodismo y arte, entre otros, se inició la última etapa, que culminará el 7 de mayo, cuando se anuncien los sitios más votados.
La gran mayoría de ellos son íconos conocidos desde hace mucho tiempo (cerros Fitz Roy, Lanin y Aconcagua, Glaciar Perito Moreno, Ichigualasto y Parques Nacionales famosos como Nahuel Huapi, Alerces, Arrayanes, Bosques Petrificados y Tierra del Fuego. Sin embargo, otros son claramente emergentes de las últimas décadas a partir de la valorización de ciertos espacios, donde la naturaleza per se no era conocida por el público mayormente urbano, como Iberá en Corrientes, Bañado La Estrella en Formosa, Hornocal en Jujuy, la Selva Misionera (sin las Cataratas) …
Pero lo que quiero rescatar es que ese conocimiento y consecuente valoración está indisolublemente unida al propio desarrollo humano (caminos, conectividad, servicios) que posibilitó de manera creciente que estos hermosos lugares puedan ser cada vez más conocidos por la sociedad en su conjunto. También quiero resaltar que muchas veces de una manera aparentemente imperceptible la presencia humana es la que realza la posibilidad de conocer y de generar una profunda admiración por el paisaje contemplado. Es así que ni los Esteros del Iberá, ni el Bañado La Estrella, ni el Hornocal, serían lo mismo sin el acompañamiento de los habitantes ancestrales (marisqueadores, Pilagá, kollas) que vinculan el disfrute natural con el conocimiento de lo que la naturaleza significa para quienes han dependido de ella en su vida y supervivencia cotidiana. La presencia humana es omnipresente en la totalidad de los restantes sitios seleccionados y por eso naturaleza y humanidad son las piezas basales de la armonía de estos “paisajes naturales”.
El estrecho vínculo entre la naturaleza y las actividades humanas es lo que generó ese profundo respeto y admiración que muchos humanos tenemos sobre lo natural, y esta valoración es lo que impulsó e impulsa con renovado brío, el proteger espacios seleccionados como Parques Nacionales, Reservas Provinciales o áreas de conservación privadas. Las experiencias vividas en contacto directo con la naturaleza son cruciales para impulsar estos esfuerzos innovadores y pujantes.
La conservación de la naturaleza, a pesar de que en muchos casos ha sido un freno evidente a ciertos desarrollos productivos, también es cierto que además de proteger servicios ambientales cruciales, ha impulsado otras formas de desarrollo económico, como es evidente en algunas ciudades emblemáticas como Puerto Iguazú y las Cataratas, Bariloche y el Nahuel Huapi, Calafate y el Glaciar, Ushuaia y el Parque Tierra del Fuego, etc.
La mayor afluencia de turistas tuvo que inevitablemente generar “barreras” al contacto directo entre el visitante y la naturaleza, con el objetivo de limitar el impacto directo (pisoteo, erosión, estrés en la vida silvestre) que las masivas visitas ejercían sobre el ambiente. Y de ahí que pasamos de visitas “vivenciales” a visitas “contemplativas”, a observar la naturaleza desde una vidriera, espectacular por cierto.
El contacto directo con la naturaleza es una experiencia sin duda superadora y generadora de sentimientos sublimes, como sólo ella puede generar y estimular. Desde ese punto de vista considero como una excelente oportunidad la generación de espacios donde se pueda vivenciar un contacto directo con la naturaleza con las comodidades necesarias para un buen pasar y disfrute pleno en lugares recónditos de nuestra geografía. Espacios que contribuyan a generar compromisos por más y mejor conservación, por más y mejor humanidad, para no olvidar que estamos indisolublemente unidos con la naturaleza y ella sin duda nos precede y por cierto nos sobrevivirá.
Alejandro Diego Brown, Presidente Fundación ProYungas.



