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Editorial: TRAVESÍA LA ESTRELLA, tecnología y conocimiento ancestral al servicio de la supervivencia en el Bañado La Estrella, Formosa.

Por Alejandro D. Brown, Presidente Fundación ProYungas.

Recientemente fueron nominadas las “7 maravillas naturales de Argentina”, entre ellas, el “Bañado La Estrella” en la Provincia de Formosa, un gran humedal poco conocido pero que emerge como una de las áreas de alta biodiversidad del país, que enlazada con la rica historia humana en la región, se posiciona como uno de los sitios más emblemáticos del subtrópico argentino.

Como es costumbre en la Fundación ProYungas, realizamos una travesía de unos 10 días, en este caso como continuación del recorrido que realizamos el año pasado por el río Pilcomayo entre las localidades de Santa Victoria Este en Salta y El Quebracho en Formosa. Recorrimos en piraguas este paraíso natural, a través de bañados, lagunas, palmares y cursos de agua. Un mosaico de comunidades naturales y de espacios generados por la actividad humana de criollos y aborígenes (Pilagá, Wichí, Tobas). Nuestra contribución a dar a conocer y poner en valor esta región única de nuestro país, que se integra con Bolivia y Paraguay en lo que denominamos como “Área de Gestión Compartida”, un enorme territorio consagrado a la conservación de la biodiversidad y el desarrollo sustentable agroganadero, concepto que llevamos adelante con apoyo del Fondo Francés para el Ambiente Mundial (FFEM), de la Unión Europea (UE) y de los gobiernos provinciales de Formosa y Salta. Un territorio donde alternativamente se intercala el mundo natural durante la época de inundaciones, con el mundo productivo cuando el agua se retira. Un ciclo que los pobladores criollos y aborígenes conocen muy bien y que maximiza las posibilidades de producción y supervivencia en la región.

Un grupo formado por Chilo Ruiz (guía criollo), Baloy Zalazar (guía Pilagá), Martha Roggiero (investigadora UNLP), Gonzalo Saleme (documentalista) y Alejandro Brown (Presidente ProYungas), con el apoyo externo de Marcelo Viotti y de Ricardo Moreno, nos adentramos en una de las áreas menos conocidas de nuestro país… una naturaleza por descubrir y retratar. Un grupo humano dispuesto a convivir en uno de los mayores espacios silvestres de la Argentina.

El Río Pilcomayo y el Bañado La Estrella que se forma por las aguas dispersas de este río que inundan un vasto territorio de más de 400.000 hectáreas no nos defraudó. La diversidad de sus paisajes inundados, la riqueza y abundancia de especies silvestres nos abrumó. Nuestro paso estuvo permanentemente interrumpido por barreras de camalotales y totorales, que con mucha dificultad tuvimos que sortear para poder avanzar y que demoró nuestro paso. La extensa inundación también no dejó espacios emergentes que nos hubieran permitido acampar como estaba previsto y que nos obligó la mitad de las noches a pernoctar en las mismas piraguas…

Religiosos, científicos, exploradores, funcionarios coloniales, industriales, militares, aventureros, entre otros, probaron de navegar el Pilcomayo y en parte sus humedales, tanto desde Paraguay hacia Bolivia, o viceversa, generalmente sin éxito. Uno de ellos fue el padre Patiño que remontó el río desde Asunción en 1721. El Estero de Patiño, en la frontera entre Paraguay y Argentina, lleva el nombre por este intrépido religioso quien murió en su intento. También en el siglo XVIII fue recorrido por el padre Castañares (1741), quien regresó en 1742 y murió en manos de los tobas y luego por Félix de Azara (1781). En el siglo XIX fue navegado por el coronel boliviano Magariños (1843), Van Nievel y Acha (1844), el padre Giannelli (1863), el sabio francés Crevaux, que desapareció en 1882, Thouar que salió a buscarlo sin éxito, Campos (1883) oficial boliviano que fundó “Colonia Crevaux”, el comandante Fontana en 1884, el capitán Juan Page que murió durante la navegación en 1890, el Ing. Enrique Ibarreta que partió desde San Antonio en Bolivia y al llegar al Estero de Patiño fue muerto por los indígenas en 1898, entre muchos otros. El ingeniero hidrógrafo Olaf Storm, quien exploró hasta los esteros en 1890, concluyó que el río Pilcomayo no era navegable para el comercio y que tampoco tenía una creciente regular y periódica. Todos estos intentos se centraron en la parte con caudal definido y evitaron adentrarse profundamente en sus extensos humedales, el Estero Patiño primero y el Bañado La Estrella más tarde.

El Bañado La Estrella formado más recientemente por el desvío e inundación del Pilcomayo en su deriva hacia el sur, nunca antes había sido recorrido en toda su longitud durante el período de inundación, desde El Quebracho hasta Fortín Soledad, tramo que recorrimos entre el 25 de junio y el 6 de julio pasados. Una extensión de aproximadamente 200km de lagunas, camalotales y palmares, que nuestro grupo recorrió por espacio de estos 11 días a fuerza exclusiva de sus remos y de la voluntad de avanzar y salir.

Una conjunción perfecta entre la tecnología que nos permitió contar con un dron con el que podíamos visualizar desde la altura como se armaban los riachos y ubicar sus barreras más adelante y el “instinto” de nuestros guías locales apoyados en su conocimiento ancestral del ambiente, nos permitió traspasar una a una las barreras y aprovechar las oportunidades de navegación ocultas a la visual directa. Una conjunción de tecnología y conocimiento ancestral al servicio de nuestra supervivencia, sin ambos avanzar no hubiera sido posible.

Personalmente este viaje ha sido la experiencia más fuerte que he vivido en mis travesías naturales… Por la exigencia, por la soledad inmersa en que estábamos; por la dependencia exclusiva de nosotros mismos, por la incertidumbre permanente de avanzar…

Sin duda es el mayor espacio salvaje de nuestro país donde la vida fluye y grita como en ningún lugar que haya conocido… Miles de patos, garzas, espátulas, cigüeñas, jabirúes, chajáes, además de yacarés y carpinchos. Un desafío a la voluntad, a la tolerancia y al quehacer grupal. Once días de permanente exigencia atravesando 200 km de camalotales y totorales que nos cerraban y hacían perder continuamente el rumbo, en un paisaje totalmente inundado que nos obligó la mitad de los días a vivir y dormir en las propias canoas y donde cada día era un interrogante sobre cómo avanzar  y que siempre exigió un enorme esfuerzo personal y grupal. Cada noche suspendidos en nuestras canoas, bajo un cielo increíblemente estrellado, los ñacurutúes nos acompañaron con su lamento estremecedor, recordándonos (si hiciera falta) que estábamos solos, con nosotros mismos…

Más o menos eso es lo que nos pasó… ¡Pero que resultó maravilloso! Una nota aparte merece el reconocimiento al apoyo de Gendarmería, de los Escuadrones de Lomitas y Juárez y el apoyo aéreo del Escuadrón de Orán que ante nuestra demora en llegar no dudaron en movilizar sus recursos para dar con nosotros. Felizmente el despliegue logístico coincidió con nuestra propia salida. Sin duda como ciudadanos nos sentimos respaldados y contenidos por tan pronta y eficaz movilización y de ahí nuestro total agradecimiento.

Mapa del recorrido de la Travesía

Por ProYungas - 9 / 07 / 2019