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De sólo estar, según pasa el tiempo

Alejandro D. Brown, Fundación ProYungas, Yerba Buena, Tucumán, enero 2026.

“De sólo estar” los hechos al igual que el tiempo van transcurriendo, máxime en estos tiempos de fin de un año e inicio de uno nuevo. Tiempos de reflexión, de introspección, de remover recuerdos, de evaluar acciones y transcurrir pensando en el futuro.

Todo el tablero internacional se está sacudiendo, cambiando de paradigmas, de valores, y por lo tanto de prioridades. Pasa en el plano político internacional, pero también a escala local en el quehacer productivo y en el ambiental. Todo está siendo reorganizado y nosotros como institución que busca una relación adecuada, útil, entre las distintas prioridades de nuestra Sociedad también debemos analizar nuestras formas y prioridades. Hoy parece todo dominado por el pragmatismo, que nos empuja a revisar nuestras propias experiencias acumuladas por el paso del tiempo. La memoria, decía García Márquez, no es un almacén de recuerdos, sino el arte de seleccionar, revisar y embellecer o revaluar los recuerdos.

Hace unas semanas, unas pocas semanas, fuimos los alumnos de antaño, convocados por nuestra Facultad de Ciencias Naturales de la UNLP, donde realizamos nuestros estudios de grado, iniciando nuestro periplo universitario, hace nada menos que la friolera de 50 años. Demasiado tiempo para un reencuentro quizás, nuestros profesores mayormente ya muertos, nosotros mismos mayormente jubilados, al final de nuestra propia experiencia profesional. ¿El objetivo de fondo?, no me queda claro, más allá del siempre emotivo encuentro con parte de nuestra propia historia. Recordé aquellos años de fuertes expectativas y compromiso por el conocimiento biológico que se incrementaba a raudales, un mundo increíble que se nos iba abriendo en un espacio temporal de amistades y acciones juveniles que nos encargábamos de incrementar y recrear diariamente. Todo esto en un contexto de fuerte represión social y política, de un gobierno dictatorial que tenía en las universidades, y su ideología imperante, a sus peores enemigos. Años donde el Estado financiaba la conversión de nuestras selvas subtropicales y su reemplazo por plantaciones forestales de rápido crecimiento. Donde se propiciaba el drenaje de humedales y donde las prioridades eran dictadas con una visión geopolítica basadas en una clara vocación bélica de potenciales conflictos vecinales. El disenso no tenía lugar.

Luego vinieron tiempos de apertura civil, de democracia y de fuertes vaivenes económicos. En cada crisis, el ambiente era dejado de lado y la supervivencia individual era la prioridad y el país se fue empobreciendo cada vez más, los indicadores sociales se fueron deteriorando y el ambiente también. Pobreza y degradación ambiental, dos caras de la misma moneda. Algunos sectores de la Sociedad se hicieron oír con fuerza y la respuesta Estatal en este caso, fue la restricción, el aparente control siempre deficitario y ubicar a quienes producen como los responsables de nuestros males. La pobreza siguió sin resolverse y la degradación continuó. Y las oportunidades globales fueron pasando, seguimos perdiendo el tren que nuestros vecinos geográficos supieron aprovechar, al tiempo que la imagen de nuestro país se fue deteriorando. Crisis recurrentes, conflictos sociales y ambientales a la orden del día y los temas de fondo asociados al desarrollo sin resolverse.

Hoy nos encontramos en un contexto donde lo ambiental y lo social son interpretados como una ecuación destinada a impedir el desarrollo regional, y en parte lo ha sido, pero más allá del uso indebido y muchas veces sobredimensionado de estas problemáticas para frenar acciones, está claro para nosotros que deben ser y son, parte de una ecuación indispensables para fomentar y alcanzar metas de sustentabilidad y de acceso a mercados globales que nos traccionen.

Estoy convencido que el crecimiento de la Argentina está asociado a cómo articulemos estas necesidades de nuestra sociedad, impulsar el desarrollo productivo asociado a una mayor integración e inclusión social y mantener/mejorar la preservación ambiental a lo que debemos sumar una gobernanza destinada a balancear estas demandas y que ello nos posicione en el mundo como un país que produce muchas cosas que el planeta requiere, pero que ello se produce en valoración con los objetivos de mejora social y de preservación ambiental del país.

Paisaje Productivo Protegido, programa de ProYungas
Diversidad de productos elaborados en Paisajes Productivos Protegidos en la Argentina.

La reciente firma del Acuerdo MERCOSUR-UE en Bruselas y su pronta firma en Asunción por parte de los Socios Sudamericanos es una muy buena noticia en ese sentido.

Algunas notas en medios nacionales acerca el acuerdo MERCOSUR – UE:

La Nación

Ámbito

Clarín

Por ProYungas - 12 / 01 / 2026