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Buscando el “Paraíso perdido”

Alejandro D. Brown, Fundación ProYungas, Yerba Buena Tucumán, Julio 2026

Desde nuestros años de juventud, “Allá lejos y hace tiempo” diría William Hudson en su célebre obra sobre su infancia en el Río de la Plata, en nuestro imaginario colectivo como biólogos hemos buscado nuestro “Paraíso perdido”, ese emblemático terrón de tierra donde aún la impronta humana no ha tenido injerencia directa.

Pero en realidad ese espacio prístino, esa “tierra sin mal” de la cosmovisión guaraní, simplemente no existe. No hay recodo, ni valle, ni escarpada montaña, ni tierras heladas o resecas, donde los humanos no hayamos llegado, donde no hayamos dejado nuestra inconfundible impronta.

Buscamos esos espacios misteriosos e inconmensurables por el interior de las Yungas tropicales, en los estrechos laberintos acuáticos del Iberá y del Bañado La Estrella, en los intrincados bosques secos del Impenetrable chaqueño o en los recónditos bosques patagónicos, tan australes como aquellos que ocupan los helados territorios de la Tierra del Fuego y de la Isla de los Estados. Todos estos sitios en el presente o en el pasado reciente han estado atravesados por la aventura humana, que en muchos casos es no más que estar y transcurrir. También los hemos buscado por los intrincados vericuetos fluviales del Bermejo, donde en cada espacio emergente de bosques ribereños se puede apreciar y también sufrir la presencia humana, con sus restos que indican una buena pesca y jornadas de jolgoriosa alegría y trasnochadas conversaciones y vigilia.

Esa es la realidad de nuestro país como de gran parte (o todo) el planeta, los humanos hemos traspasado todos los límites, incluso los planetarios.

Por eso hoy la “naturaleza” es un espacio donde coexisten los resultados de la historia evolutiva de especies y continentes, con el agregado o reducción de lo que los humanos hemos agregado o quitado, de acuerdo a nuestras necesidades, temores, o simplemente resultado de nuestras propias actividades y vanidades. Esa es la naturaleza del presente y cada vez más será la naturaleza del futuro, alejado ya de esa mítica búsqueda de lo intocado o prístino, nuestro inexistente “paraíso perdido”.

En ese sentido y con mucha fuerza surgen los espacios donde la matriz productiva se entremezcla con la matriz “natural” enriquecida muchas veces con la impronta de nuestro paso por estos paisajes donde se funde la impronta natural con la antrópica, sin perder en la mayoría de los casos, su ecológica relevancia.  En muchos sitios esta impronta mixta es de tal magnitud que es muy difícil identificar donde termina la naturaleza y dónde empieza el espacio productivo, porque ambos son lo otro, refuerzan su contextura, comparten sus valores y muchas veces padecen también sus acechanzas.

Como en todo espacio periurbano, en el momento de escribir esta nota, me encuentro inmerso en un paisaje mixto, donde naturaleza y resultado de la presencia humana coexisten, diría en armonía, porque lo nuevo genera oportunidades a lo que ya estaba para sobrevivir en un nuevo paisaje dominado por las necesidades humanas, sin que ello signifique a priori pérdidas irreversibles.

Hay sociedades que tienen estos temas completamente asumidos, tanto en recónditos lugares de nuestro planeta, como otros habitantes de espacios donde lo urbano y silvestre coexisten con cierta cotidianidad manejada o administrada. En nuestro país aún no y en muchos sectores del Norte Grande debemos hacer un esfuerzo creciente para que esta coexistencia sea un resultado virtuoso del esfuerzo colectivo. Porque el futuro de gran parte de nuestra biodiversidad regional depende y dependerá aún mucho más de nuestras ojalá sabias decisiones.

La naturaleza tiene futuro, pero este futuro está indisolublemente atado a nuestras improntas culturales que nos permitan ver que  en el vínculo amistoso con la naturaleza, está también nuestra capacidad de sobrevivir como especie. No debemos lamentarnos por la pérdida del “Paraíso perdido”, sino entender que la presencia humana no es otra cosa que el resultado de la propia naturaleza que generó, estimuló y contuvo este experimento natural que es nuestra propia existencia en este planeta.

Por ProYungas - 8 / 07 / 2026