Editorial, Institucional
El Pilcomayo y el Okavango “separados al nacer”
Hubo un tiempo en que Sudamérica estuvo unida a África en un sólo continente denominado “Gondwana”. Esto ocurrió hace unos 200 millones de años y paulatinamente, por la fuerza tectónica de placas subterráneas, se fueron separando y cada una por separado siguió su propia historia evolutiva, a partir de 150 millones de años atrás. En este contexto de historia evolutiva, dos espacios correspondientes a los ríos Pilcomayo en Sudamérica y del Okavango en África, presentan hoy muchas diferencias pero también muchas similitudes.
La principal similitud, es que ambas áreas son cuencas “endorreicas”, es decir que no desembocan en ningún lugar específico ni llegan al mar (“Delta interior” también los llaman). Sus aguas se diluyen en una serie de bañados y lagunas que paulatinamente se van evaporando y filtrando, uno en la inmensidad de los bosques secos chaqueños, el otro en un desierto conocido como “Kalahari”.
Ambos ríos, tanto el Pilcomayo como el Okavango, transcurren por enormes superficies muy planas y en ambos casos son de régimen estacional. Las lluvias ocurren en más o menos el mismo período anual, entre Noviembre y Abril. En ambos también el periodo seco, muy marcado por cierto, es entre Junio y Septiembre. El cambio climático parece estar cambiando este esquema concentrando más la intensidad del período seco, limitando aún más las producciones agropecuarias.
También ambas cuencas son transfronterizas, el Pilcomayo se inicia en Bolivia y luego transcurre entre Paraguay y Argentina. El Okavango por otra parte nace en las montañas de Angola y luego transcurre entre Namibia y Botswana, al norte de Sudáfrica.

Ambas cuencas son muy importantes en términos de biodiversidad, una posee los cinco grandes de las sabanas africanas, el león, el elefante (muy abundante por cierto), el leopardo, el rinoceronte, y el búfalo, además de hipopótamos y un sinfín de especies de antílopes. En tanto el Pilcomayo y el Bañado La Estrella es hábitat del tigre o yaguareté, del tapir o gran bestia, de tres especies de pecaríes y del roedor más grande del mundo, el carpincho o capibara, además de osos hormigueros, oso meleros y una variedad de armadillos. Ambos son extraordinariamente ricos en avifauna, particularmente de aves acuáticas. Garzas, cigüeñas, cormoranes, espátulas, gallitos de agua, se observan de a cientos en ambos humedales…

En ambas cuencas la población humana ancestral guarda una estrecha vinculación con la dinámica hídrica de estos territorios, en Argentina los Pilagá, Tobas y Wichí y en la sabana africana los San o bosquimanos (“Bushmen”) que reúnen a 5 naciones originarias.

Estas culturas se enfrentan a la biodiversidad que muchas veces amenaza su propia existencia, como ocurre con los elefantes que destruyen todo a su paso y en menor medida con los leones en la sabana africana. Pero también se enfrentan a la utilización económica de esa biodiversidad a través del turismo, que impone otra rutina en los territorios que es necesario planificar y conducir de tal modo que incorporen activamente a la población local en su economía y valoración del entorno.
Muchos desafíos, de un mundo que está cambiando rápidamente y en esa vorágine muchos quedan en el camino…con sus necesidades, sus expectativas, pero sobre todos con sus derechos poco considerados.
Es por ello que, ambos territorios que han sido separados desde hace mucho tiempo tienen mucho para aprender del otro, dos paisajes que confluyen en esta búsqueda del ser humano de vivir en armonía con el ambiente y de esa armonía obtener lo necesario para vivir adecuadamente, aceptando y adaptándose a los grandes desafíos culturales y climáticos por venir.
Alejandro D. Brown, Presidente Fundación ProYungas.