Institucional
Inundaciones en el Norte Grande de Argentina: ¿Llevando agua para el propio molino?
Sin duda la cuestión de las inundaciones recurrentes y los problemas de infraestructura y productivos asociados son cada vez más notorios, por lo que distintos puntos de vista se manifiestan atribuyendo distintas causalidades y, por ende, responsabilidades.
Los eventos de inundaciones en vastos territorios de nuestro país no son nuevos. De hecho una importante parte de las áreas planas de nuestro país han estado sometidas a ciclos húmedos y secos y a inundaciones recurrentes en tiempos históricos e incluso geológicos.
La región chaqueña, por ejemplo, epicentro de la expansión agropecuaria (el 90% de la deforestación en las última décadas ocurre en esta ecorregión), es caracterizada en el trabajo clásico de Morello y Adamoli (1974) como de “alta variabilidad pluviométrica” que se expresa de año en año, llegando a considerar que “los ciclos de inundaciones y sequías son omnipresentes en el Chaco”.
Ahora bien, investigadores del INTA (Bertram y Chiacchiera, 2013) referenciados por Greenpeace en sus documentos de campaña a favor de vincular directamente la deforestación con las inundaciones, mencionan aspectos que hacen a la dinámica de la napa freática, pero nada dicen sobre el vínculo o el rol específico del bosque. Esto no es raro dado que el lugar de estudio referencial del INTA, Marcos Juárez, es en un área desprovista de bosques nativos.
Lo que sí mencionan en dicho estudio es que se puede observar un incremento sostenido del componente freático de 17 cm por año, independientemente de los altibajos que presentan las precipitaciones, pasando de una napa cercana a los 11 m hace 40 años, a una que en la actualidad ronda los 2 m en promedio. Esta tendencia sugiere que, en el corto plazo, las fluctuaciones del componente freático podrían estar más asociadas a las precipitaciones locales mientras que, en el largo plazo, el cambio de actividades productivas (ganadería por agricultura, pasturas perennes y pastizales por cultivos anuales), rotaciones agrícolas prácticamente inexistentes, tecnología de insumos y procesos, etc. habrían generado un menor consumo hídrico sostenido en el tiempo y, en consecuencia, excedentes pluviales pasaron sistemáticamente a aumentar los niveles freáticos. Estos autores mencionan asimismo que para aumentar estratégicamente el consumo de agua, existen herramientas que pueden ser efectivas en ciclos agrícolas, como también se podría pensar en la incorporación oportuna de una pastura en determinados ambientes. Siembras tempranas, haciendo coincidir las máximas coberturas y las máximas demandas, con el objetivo de generar mayores acumulaciones de biomasa y consumos de agua.
Lo que es una realidad hoy en la región es la presencia de una napa freática cercana al metro de profundidad, siendo ésta una situación que, aparentemente, no tendría retorno, excepto que se comience a consumir más agua. Adicionalmente, estos autores señalan que no se debería ver esto como un problema sino todo lo contrario, a partir de mejorar el manejo del agua mediante estrategias oportunistas de consumo, posibilitará tener una segunda oportunidad para consumir el agua de lluvia. No obstante, parece imprescindible tener una mirada más amplia sobre el particular, comprendiendo que es un tema que debería abordarse interdisciplinariamente, sumando a sectores productivos, tecnológicos, políticos de diferentes instancias y sociales en general, con el objetivo de encontrar alternativas integrales para la reversión de lo que hoy es considerado un problema.
Por otra parte es indudable que estamos viviendo períodos de mayores precipitaciones en la Argentina, lo que convierte a nuestro país en una región altamente vulnerable a la ocurrencia de inundaciones; no sólo por tendencias progresivas a que en algunas regiones llueva cada vez más, sino también, porque las precipitaciones tienden a darse en episodios de lluvia cada vez más intensos, tal como lo menciona Camillioni, investigadora del CONICET. Ella misma sostiene que los cambios observados en Argentina a partir de la década del ‘60, particularmente en relación a las precipitaciones en el Centro-Oeste del país, trajeron como consecuencia el aumento de la productividad para el sector agrícola. Pero el efecto que puede tener el cambio climático es considerado de manera dual. Por un lado, el corrimiento de la frontera agropecuaria está asociado a que la agricultura de secano pudo extenderse hacia el oeste como consecuencia, en gran medida, de que durante las últimas décadas ha llovido más; extendiendo asimismo la productividad del suelo. Ahora bien, cuando esa precipitación se da no solo como tendencia progresiva sino en episodios extremos de precipitación, pone en riesgo para esa misma región a que miles de hectáreas queden sumergidas debajo del agua y amenacen dicha producción. Del mismo modo el Centro-Este del país, si bien forma parte del sector más productivo, se convirtió en el sector más vulnerable a inundaciones, ya que allí se registra un incremento extremo de ocurrencia de precipitaciones.
Sin duda la intensificación productiva y la expansión de la frontera agropecuaria en la Argentina es una realidad. Desde los años 90, Argentina pasó de aproximadamente 20 millones de hectáreas cultivadas a unas 33 millones de hectáreas, dice Taboada, investigador del INTA. El cultivo de soja representa el 55% de esta área sembrada y reemplazó a las pasturas y pastizales. Un ejemplo de ello sucedió en la zona oeste pampeana, mientras que la ganadería se corrió hacia el norte del país. Lo que importa es el avance de la agricultura en zonas de riesgo hídrico, como en el centro de Córdoba, Santa Fe y Chaco, donde se reemplazó pasturas. El mismo autor menciona que la siembra directa per se no es el problema, sino cómo cultivamos y cómo protegemos la calidad superficial de los suelos. Una siembra directa con adecuadas rotaciones de cultivos que cubran el suelo la mayor parte del año es beneficiosa para los suelos. Las consecuencias de las inundaciones dependen del tipo de suelo y grado de permeabilidad donde ocurren, ya sea por ascenso de agua de napas subterráneas como por grandes lluvias.
Sin duda hay ejemplos extremos del efecto de precipitaciones, cambio de uso del suelo y geología, tal como lo menciona Jobbacy, del CONICET, al decir que una manifestación muy sorprendente y rara de los ascensos de napa freática ha tenido lugar en el este de San Luis, en un paisaje cultivado en donde la combinación de un contexto geológico poco común y una pendiente mayor a la típica en la llanura se tradujeron en el surgimiento de nuevos ríos en sólo unas pocas décadas. El avance agrícola en Argentina suscita fuertes opiniones y polémicas dice Jobbacy, que atraviesan lo ambiental, lo social y lo económico. Cuando el agua es parte de estos conflictos surge una oportunidad nueva en la discusión debido a que los efectos asimétricos del cambio de uso de la tierra se hacen visibles, aparecen ganadores y perdedores, tanto en el medio rural como en el urbano. El sitio en el que se genera el impacto no es necesariamente el mismo en el que se sufren sus consecuencias, pero la distancia entre ellos no es tan grande como para que se diluyan las responsabilidades. Surge así la necesidad de discutir el uso del territorio que queremos como sociedad sobre la base del incipiente camino de ordenamiento territorial que inició Argentina en esta década.
De la lectura de estos párrafos seleccionados a partir de la referencia del INTA mencionada por Greenpeace en su campaña destinada a atribuir directamente a las actividades humanas locales las causas de las inundaciones, y de otros tres autores seleccionados de una publicación reciente de FARN (Pulso Ambiental: Pasados por Agua, 2017), sobre justamente la problemática de las inundaciones, más las propias apreciaciones, se puede concluir que:
–Los eventos de precipitaciones copiosas no son nuevos pero se han visto incrementados en los últimos años en nuestro país, poniendo en riesgo poblaciones, producciones e infraestructura, circunstancias a las que debemos adaptarnos lo más rápidamente posible;
–Si bien el incremento de precipitaciones es una realidad para vastos territorios de la Argentina, no podemos atribuir al Estado argentino (y dentro de ella a la deforestación) una cuota significativa en las causales del Cambio Climático, asumiendo una contribución nacional menor al 1% de los gases de efecto invernadero globales;
–En el mismo modelo productivo podemos encontrar, al menos parcialmente, la solución a los problemas de inundaciones, justamente intensificando las actividades productivas y asegurando un eficiente uso de la tierra durante todo el año, quizás entre otras cosas incrementando la superficie de plantaciones forestales asociadas a las prácticas agro-ganaderas;
–En este contexto hidrológico cobran un nuevo valor los bosques, con su capacidad de mitigar los excesos hídricos y regular los ascensos freáticos, no solo en las áreas que ocupan naturalmente, sino también en áreas donde puedan ocurrir a partir de plantaciones;
–La base de la solución a la problemática planteada por las inundaciones está en planificar más adecuadamente el uso del suelo y del territorio, evitando las áreas de inundaciones periódicas para las actividades agrícolas priorizando las actividades ganaderas y mejorando aspectos que hacen al desarrollo de infraestructura, evitando la instalación urbana en áreas críticas y por supuesto protegiendo las áreas boscosas más relevantes en términos de protección hídrica (bordes de ríos, cabeceras de cuenca; áreas de recarga de acuíferos, etc.);
–Fortalecer los procesos de ordenamiento territorial en marcha como los planteados en el marco de la Ley Nacional de Bosques que necesita su mejoramiento en términos técnicos y financieros.
A medida que utilicemos más intensamente el territorio nacional, más situaciones complejas saldrán a la luz. Ellas deberán ser resueltas de diferentes maneras a partir de los recursos técnicos, físicos, intelectuales y fundamentalmente económicos que el país viene desarrollando (y aportando) a partir, justamente de las actividades productivas que avanzan sobre el territorio. En definitiva la “solución” está, como siempre en la mirada integradora y la actitud abierta y honesta, donde todas las visiones tengan cabida y no se aprovechen las circunstancias “para llevar agua para el propio molino”, de intereses sectoriales que poco contribuirán a superar los problemas de fondo que debemos afrontar. Tanto la sostenibilidad ambiental en general, como la de nuestro propio país en particular, es lo que está definitivamente en juego.
Acerca de ProYungas: La Fundación ProYungas es una organización sin fines de lucro que lleva adelante actividades de gestión para la conservación y el desarrollo sustentable en la ecorregión de las Yungas o Selvas Subtropicales de Montaña y de otras áreas del subtrópico argentino. Si bien la mayoría de las actividades de la Fundación ProYungas se llevan a cabo en los sectores Norte y Centro de las Yungas (Alta Cuenca del Río Bermejo, Provincias de Salta y Jujuy), durante los últimos años ha extendido sus actividades a otras áreas del subtrópico argentino (Yungas de Tucumán, Bosques chaqueños de las provincias de Formosa y Chaco; Selva Paranaense de la provincia de Misiones; humedales de la provincia de Corrientes; sectores puneños y altoandinos del noroeste argentino). ProYungas nació en el año 1999 sobre la base de un grupo de profesionales de formación biológica. En la actualidad, desarrolla actividades regionales orientadas a la conservación ambiental y fomento de la producción sustentable a lo ancho del subtrópico argentino.
Nota al Dr. Alejandro Brown, Presidente Fundación ProYungas por Gerencia Ambiental


