Institucional, Pueblos Originarios
Los pueblos originarios del Norte Grande
Matilde Malizia, INTEPH – CONICET – UNT. Fundación ProYungas. Matilde García Moritán, Fundación ProYungas.
En el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, durante el mes de agosto compartiremos varios capítulos de la sección Los pueblos originarios del Norte Grande, del libro «Argentina Sustentable: El Norte Grande», editado por Fundación ProYungas, con apoyo financiero de la Unión Europea (proyecto Impacto Verde).
El Norte Grande de Argentina se caracteriza por su amplia diversidad ambiental, productiva y étnica, pero también por su elevada marginalidad social. Esta región alberga la mayor cantidad y variedad de grupos étnicos originarios de toda la Argentina. De acuerdo con el Censo Nacional de Población, Hogares y Viviendas realizado en el año 2022, el 4,6% de los habitantes de esta región se reconocían indígenas o descendientes de pueblos indígenas u originarios (unas 460.000 personas) registrándose las cifras más elevadas en las provincias de Salta, Jujuy y Chaco.


No obstante, se estima que estos valores son más elevados en tanto a la fecha hay registradas 1.542 Comunidades Originarias con personería jurídica (nacional o provincial) pertenecientes a 36 Grupos Étnicos. Esta situación implica una gran riqueza cultural y social, teniendo en cuenta la variedad de lenguas, festividades, creencias y cosmovisiones. Además, en este contexto no hay que perder de vista que ésta no es una situación estática, ya que los procesos de re‒etnización, que vienen ocurriendo desde la década del ’80, se han generalizado. En algunos casos el reconocimiento identitario y organizacional es lento y producto del devenir histórico, mientras que en otros casos adquieren dinámicas inesperadas. Los grupos más representados son los Wichí, Kolla, Toba, Guaraní y Mbyá; mientras que los menos representados son los Toara, Pueblo Chicha, Kolla-Atacama, Lule y Guaycurú. En ciertas ocasiones la dinámica del proceso de organización provoca una posterior diversificación a través del reconocimiento de antecedentes étnicos diferentes, lo que da lugar a la aparición de nuevas etnias. Por el contrario, otros grupos se fusionan para aumentar su capacidad de lucha.
Se presenta un mapa general en el que se utilizan distintos colores y figuras para representar las etnias y su dispersión territorial. Las ubicaciones de las comunidades no son nunca azarosas y responden a sus trayectorias históricas marcadas por su cosmovisión, organización social, tradiciones productivas y migraciones, entre otras cuestiones. Los puntos de cada comunidad fueron marcados, en la mayoría de los casos, utilizando GPS y se ubicaron dentro de sus territorios y cuando fue posible en los lugares donde estaban las sedes en las que llevan adelante las reuniones comunitarias. Esto resulta importante en los casos en que las tierras son muy extensas. La dinámica de los cambios sociales es muchas veces vertiginosa y esta situación se ha acelerado, aún más, en las últimas décadas entre los pueblos originarios. Esto, sin duda, dará lugar a nuevas configuraciones hoy impensadas.

El NG es una tierra de contrastes donde la exuberancia productiva y la multiplicidad étnica no condice con las condiciones de vida de sus habitantes. Se trata de una región escasamente habitada y con una distribución desigual de la población en el territorio caracterizada por históricos procesos emigratorios rural‒urbanos. Se conforma como un mosaico de territorios muy desiguales entre sí, en el que se materializan amplias diferencias en las formas de articulación entre la sociedad y la naturaleza y en los contrastes en el acceso a recursos de todo tipo, tanto simbólicos como materiales y existenciales que tienen que ver con su protección, conservación, reproducción y desarrollo (Paolasso y Longhi, 2019).
Un indicador utilizado para graficar esta situación es el Coeficiente de Gini que permite comprender y comparar en forma integral la disparidad económica y la desigualdad en la distribución de la riqueza. En Argentina, en el primer trimestre del año 2024 este coeficiente fue de 0,467 puntos lo que implica un significativo aumento de la desigualdad con respecto a igual período de 2023, cuyo valor fue de 0,446 puntos. En relación con el ingreso per cápita las familias más ricas cobran en promedio 23 veces más que una familia que se ubica entre el 10% más pobre de la población. En tanto, en el mercado laboral, muestra que hay una disminución en el número de trabajadores registrados y un aumento en la cantidad de personas que se desempeñan en la informalidad, como cuentapropistas no profesionales o que están desempleadas (Golovanesky, 2000). Además, de acuerdo con el Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina para el primer semestre del año 2023 la región noreste era la más pobre del país con un índice de pobreza de 42% seguido por el noroeste que alcanzaba el 41%. En ambas regiones la indigencia superaba el 10% de la población.


La organización comunitaria de ciertos grupos originarios y su lucha incansable les han permitido mejorar sus condiciones de vida y promover su desarrollo socio‒económico. Por ejemplo, las comunidades Kolla de Finca San Andrés (departamento Orán, Salta) obtuvieron luego de años de luchas y trámites la posesión comunitaria de más de 100.000 ha; la Asociación Toba Meguesoxochi (departamento General Güemes, Chaco) obtuvo la posesión comunitaria de 140.000 ha de la Finca El Espinillo; y la comunidad Diaguita de Amaicha del Valle (departamento Tafí del Valle, Tucumán) también consiguió la tenencia comunitaria de aproximadamente 130.000 ha a partir del registro de una cédula real del año 1716 que los reconocía como propietarios de la tierra. La lucha por obtener la posesión comunitaria de sus territorios es una acción clave que simboliza un reconocimiento por parte de la sociedad y les permite posicionarse para encarar nuevas reivindicaciones. Del mismo modo, las comunidades Pilagá del Bañado La Estrella (principalmente departamentos Bermejo y Patiño, Formosa), las comunidades Atacama (departamento Susques, Jujuy) y las comunidades Kolla (Valle Grande, Jujuy), han logrado llevar adelante emprendimientos sustentables en turismo rural, producción y comercialización de artesanías, cuyos resultados trajeron mejoras a sus grupos. Estas acciones, si bien son pocas en el contexto general indígena del Norte Grande, dejan vislumbrar un espacio de cambio que debe continuar multiplicándose, para reafirmar el reconocimiento, visibilización y reivindicación de estos pueblos.

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