Institucional, Pueblos Originarios
La artesanía textil: una oportunidad de triple impacto
Fabiana Menna, Fundación Gran Chaco.
En el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, durante el mes de agosto compartiremos varios capítulos de la sección Los pueblos originarios del Norte Grande, del libro «Argentina Sustentable: El Norte Grande», editado por Fundación ProYungas, con apoyo financiero de la Unión Europea (proyecto Impacto Verde).
La producción de las artesanías textiles del norte de Argentina se caracteriza por una gran diversidad de materiales y diseños, reflejo de la gran riqueza cultural de sus pueblos originarios. Desde lana de llama y de oveja, a las fibras vegetales de palmas, totora y chaguar junto a más de 30 plantas tintóreas, esta variedad evidencia la riqueza de un territorio que conserva en gran parte su biodiversidad y de una población que sigue generando su sustento a partir del aprovechamiento de los recursos que brinda el bosque nativo.
Esta riqueza ambiental y cultural aún no ha logrado todavía el reconocimiento justo en las políticas públicas ni en los mercados nacionales e internacionales. Se trata de una cadena productiva que depende en parte de la Secretaría de Cultura y en parte del área de producción, sin lograr equiparar el estatus ni la autoridad delas cadenas agrícola o ganadera. Y sin embargo es una actividad que genera el principal ingreso económico de las comunidades indígenas.


En mi experiencia de más de 20 años en la región y en la temática, he constatado permanentemente que la principal demanda de las artesanas, desde La Puna hasta el Litoral del noreste, es mejorar la comercialización de sus tejidos. La supuesta falta de mercado es la principal problemática que surge cuando se aborda el tema. Sin embargo, desde que fui en el año 2000 con las artesanas wichí a la primera feria, pude comprobar que el gran desafío no es tanto obtener clientes interesados sino en la capacidad de las artesanas de organizarse y poder cumplir con un encargo en tiempo y forma. El foco del problema no era tanto la comercialización sino la organización de la producción.
Las mismas problemáticas se encuentran entre las artesanas de la Patagonia, la Puna, el Gran Chaco, el Litoral, en cuanto reflejan debilidades estructurales de una cadena productiva que no han sido abordadas hasta el momento de manera sistémica. En síntesis, las principales problemáticas del sector se pueden resumir de la siguiente forma:
- Informalidad: el alto nivel de informalidad, a nivel legal y fiscal, representa una de las principales barreras para acceder a mercados que puedan pagar un precio justo y que exigen que se pueda facturar y realizar los pagos a través de una cuenta bancaria.
- Escaso nivel de asociativismo: la fragmentariedad de la producción artesanal hace que sea difícil alcanzar las escalas necesarias para mantener un flujo constante de producción que pueda sostener un emprendimiento exitoso. Pasar de la artesana individual a asociaciones y cooperativas representa una condición necesaria para poder contar con un interlocutor válido que genere alianzas comerciales estables.
- Baja incorporación de tecnología: en general, la producción de la artesanía textil tiene un bajo nivel de tecnología lo que requiere de una mayor carga de trabajo para las artesanas y reduce su poder adquisitivo. Se ha avanzado en varias comunidades pasando de las ruecas para el hilado de la lana a pedal a las eléctricas o en el caso del chaguar se ha desarrollado una desfibradora pero en la mayoría de las comunidades, las artesanas siguen utilizando sus manos para elaborar los hilos y los tejidos. Además, es escasa la incorporación de tecnología digital que facilite la gestión de la producción y la comunicación con los clientes.
A partir de ese diagnóstico, desde la Fundación Gran Chaco, empezamos a trabajar en conjunto con las artesanas para abordar estos aspectos de la cadena, para co‒diseñar con las mismas comunidades un sistema de producción que se base en las estructuras organizativas propias pero al mismo tiempo innovando para poder insertarse en el mercado y poder cumplir con los requisitos de los clientes.
La estrategia de abordaje se basó en tres ejes simultáneos:
- Organización: construir un modelo organizativo propio pero que pueda coordinar la producción, definiendo roles y responsabilidades y logre generar una escala suficientemente grande para alcanzar un ciclo constante de provisión y un volumen mínimo.
- Producción: realizar un diagnóstico por cada tipo de producción (lana, palma, chaguar, etc.) identificando los nodos críticos y desarrollar tecnología ad hoc para mejorar las condiciones de trabajo de las artesanas y reducir los tiempo de trabajo, generando un impacto en el aumento de los ingresos. Generar líneas de producción con estándares de calidad y precios acordados.
- Comercialización: organizar un sistema de atención al cliente profesional, contando con stock mínimos y tiempos de entrega claros para poder cumplir con los acuerdos comerciales logrados.
La clave de este abordaje es trabajar al mismo tiempo los tres ejes y a que el primer cambio de paradigma es organizar la producción por encargos. De esta forma la artesana tiene la seguridad de poder vender al terminar su trabajo y aún más importante, de saber a qué precio va a vender ya que es parte de una espacio asociativo que organiza la producción acordando con sus integrantes la cantidad y variedad de piezas a elaborar. Este sistema genera un impacto diferencial en los ingresos económicos de las artesanas que ya no dependen de la feria, de la llegada o no de turistas sino que cuentan con un presupuesto mínimo, pudiendo así tener la seguridad de un ingreso mensual y con eso poder planificar su economía familiar. Y la producción se planifica según la demanda del mercado, es decir que se produce lo que se vende por lo cual se genera un sistema de stock mínimo que acelera el flujo de venta, logrando la continuidad de la producción.

Se trata de un abordaje sistémico, en el cual las artesanas y artesanos son parte de una red de asociaciones que inciden en las políticas públicas donde el Estado cumple el rol de reducir las brechas identificadas y generando instrumentos que faciliten el asociativismo y la formalización del sector, y donde las ONG actúan como agentes territoriales que brindan asistencia técnica y acompañamiento a los procesos locales mientras el sector privado tracciona la comercialización. Se genera así un ecosistema de actores, que dan estabilidad y solidez a la cadena, convocando a diferentes emprendedores y emprendedoras que están dispuestos a invertir en el sector porque valoran el impacto social, ambiental y económico que genera.
Las experiencias de la Red Puna y de Matriarca muestran un camino que puede crecer y llegar a todo el país, logrando legitimar una producción con una fuerte identidad cultural y con un impacto ambiental único ya que impulsa la valorización y conservación de una gran riqueza de recursos del bosque nativo. Además, reduce brechas de género ya que se trata de un sector altamente feminizado y que genera un impacto inmediato en la autonomía económica de las mujeres.

En el siguiente link se puede navegar y descargar sin costo el libro «Argentina Sustentable: El Norte Grande». PDF Argentina Sustentable: El Norte Grande.