Editorial, Institucional
Soltando amarras, una historia patagónica
Por Alejandro D. Brown, Presidente Fundación ProYungas
En Memoria de mi amigo Claudio Mattenet (“Matute”) 1955-2022
Hay historias que se construyen en un instante, un relámpago en el medio de infinidad de otras historias y hay algunas que se van forjando, recreando, revalorizando a través de toda la vida y más allá…
Esta historia se inicia hace mucho tiempo, más de 50 años atrás, con dos adolescentes planeando y realizando un viaje intrépido hacia espacios desconocidos, al menos para nosotros. Conocer la Patagonia salvaje, el Ventisquero Moreno, la mítica Tierra del Fuego, a fuerza de mover un pulgar al borde de carreteras desérticas, pero en un entorno de mucha movilidad juvenil, de vivencias compartidas con gentes de todas partes y un objetivo común, viajar sin prisa y sin dinero. Sin duda un entorno estimulante a la aventura.
Creo que en general damos pasos sin saber ni imaginarnos las consecuencias al largo plazo, sin saber lo que cada experiencia va generando en nuestras próximas decisiones y oportunidades. Pero este viaje épico para nosotros, que nos llevó a estar días solos por recónditos paisajes patagónicos, mucho más productivos antaño que ahora, donde intercalábamos el pedir pan viejo y “colas” de fiambres en los almacenes, con almorzar en la casa del Gobernador de Río Negro, viajar en camioneta con la hija del Gobernador de Santa Cruz, subirnos a una avioneta con el Comisario a cargo del entonces Territorio de Tierra del Fuego, navegar en un buque de Yacimientos Carboníferos Fiscales e intentar subir como polizones a un tren hacia Río Turbio para conocer las famosas y enigmáticas minas de carbón. Cada día era una aventura distinta y contrastante en un paisaje sin límites.

La edad ayudaba, mis 15 años y los 16 de mi amigo Matute hacían sin duda la diferencia.
Dicen que la voz es una de las cosas del cuerpo humano que menos cambian con el tiempo y eso pensaba al escuchar por teléfono a Matute 30 años después de la última vez que nos vimos. La organización de un encuentro tantas décadas después me generaba expectativas, dudas? Pero el tiempo pasa y los vínculos no se doblegan, el tiempo intermedio casi deja de existir de inmediato, para retornar las antiguas chicanas y recuerdos compartidos.
Las circunstancias nos llevaron a ubicamos en los dos extremos del país, él en Ushuaia y yo en Tucumán, y forjamos nuestros espacios familiares y laborales en entornos muy distintos, pero en ambos casos en entornos donde la naturaleza domina el paisaje. Buscamos el contacto directo con la naturaleza, quizás recreando ese sentimiento profundo forjado por la juvenil aventura, uno buscando centollas en las frías aguas del Atlántico Sur y el otro siguiendo a los monos por las tórridas selvas subtropicales.

La vida en ambos casos nos llevó a salirnos de la comodidad del sueldo seguro y enfrentar con audacia y un poco de inconciencia por qué no, a la búsqueda de escenarios más emprendedores, buscando por diferentes caminos el vínculo directo entre el disfrute de la plenitud natural con la generación de recursos económicos que contengan las expectativas y necesidades de muchos más que nosotros mismos.
El bautismo de “Honu” que compartimos hace unos pocos días, nos volvió a unir por última y definitiva vez. Ese barco que Matute supo diseñar pensando en el futuro, es su apuesta a la construcción de un país que siempre hemos anhelado, pero que nunca llega plenamente. Su familia, su socio, sus amigos seguiremos buscando en el horizonte a este marino de pensamientos fuertes y de hablar pausado, que como las tortugas Honu (a quienes homenajeo con el nombre de su última creación náutica), simboliza el amor al océano,donde siempre esperaremos como a las tortugas, a que regrese a la playa de dondesoltó amarras y lo vimos partir para siempre.
