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Travesía Patagónica, siguiendo las huellas de Darwin 200 años después…

Por Alejandro D. Brown, Presidente Fundación ProYungas

“El Beagle echa el ancla en la desembocadura del Santa Cruz… ….El Capitán Fitz Roy se resuelve a penetrar todo lo que el tiempo permitiese y partimos el 18 en tres balleneras, llevando provisiones para tres semanas. Componía nuestra expedición de veinticinco hombres, fuerza suficiente para desafiar a un ejército de indios…”

Charles Darwin, 13 de Abril de 1834.

En este viaje, incluido en su pormenorizado Diario de Viaje de un Naturalista Alrededor del Mundo, Darwín relata su impresiones geológicas y biológicas del recorrido de 15 días aguas arriba y de sólo tres días de regreso por el Río Santa Cruz, impulsados al regresar por la “constante rapidez de la corriente, que oscila entre 4 y 6 nudos por hora. El agua tiene un hermoso color azul, aunque un ligero tinte lechoso”. Esta misma corriente que dificultó la remontada del río por Darwin 200 años atrás, es la misma que nos impulsó a favor de la corriente por espacio de 6 días desde la embocadura del Lago Argentino (a donde Darwin no llegó) hasta la Isla Pavón en las cercanías de Pto. Santa Cruz. Este tramo fue parte de nuestra “Travesía Patagónica”, que involucró en un recorrido discontinuo, el Río delas Vueltas (que desagua la Laguna del Desierto en la frontera con Chile), el Río La Leona (que vincula los lagos Viedma y Argentino) y finalmente el Rio Santa Cruz. Un espacio de 500 km navegados durante unos 10 días a lo largo de este mes de febrero del 2019.

La monotonía del paisaje, su escasa variación a través de los días impresionó tanto a Darwin como a nosotros… “La semejanza absoluta de los productos de toda la Patagonia constituye una de las características más salientes de ese territorio. Las llanuras guijarrosas, áridas, llevan siempre las mismas plantas desmembradas, en todos los valles crecen siempre los mismos matorrales espinosos”. Sin embargo esta misma aparente monotonía, nos llevaba a buscar novedades en el paisaje, especies de aves no divisadas aún, una manada de guanacoso de suris llamativamente grande, o las bandadas de avutardas, gansos coscorobas y de cisnes de cuello negro, que muchas veces se cruzaron en nuestro camino. También Darwin menciona que “La esterilidad de la Patagonia se extiende hasta la misma agua, que corriendo por un lecho de guijarros, parece participar de esta maldición. Hay también muy pocas aves acuáticas; pero, ¿Qué alimento podrían encontrar en estas aguas que no dan vida a nada? . Justamente la pureza del agua desprovista de cualquier componente orgánico, hacia que disfrutemos de cada vaso de agua que tomábamos, simplemente hundiendo el jarro a la vera de nuestras embarcaciones, como una forma de contacto estrecho con la naturaleza, casi como un bautismo o sacramento primordial. Pero esa sensación de escasa vida en su río, lo pudimos comprobar a través de los infructuosos intentos de pescar una trucha o los imponentes “chinooks” que, como enormes sombras intrusas, hemos visto deslizarse bajo nuestras embarcaciones en sus migraciones aguas arriba.

Desde la salida de Pto. Santa Cruz, Darwin hace observaciones geológicas intentando reconstruir la historia geográfica de este territorio; particularmente le sorprenden un conjunto de materiales basálticos, claramente de origen volcánico que interpreta además que fueron desplazados por los hielos en épocas pretéritas desde la Cordillera hasta este lugar. “Estos fragmentos aumentaron en número y volumen, aunque ninguno llegó al tamaño de la cabeza de un hombre. Esta mañana aparecen sin embargo, piedras de la misma especie y mayor tamaño, que de improviso se hacen más abundantes y al cabo de media hora observamos, a 5 o 6 millas de distancia, el rincón angular de una gran plataforma de basalto. En la base de esta plataforma, borbotea el río sobre los bloques caídos en su lecho”. Estos mismos basaltos nos generaron grandes dificultades por lo filoso de sus cantos sobre nuestros botes inflables que empujados por el fuerte viento patagónico terminaban en las orillas repletas de estos materiales, testigos inmutables de los grandes avatares climáticos que ha sufrido la Patagonia y que modelaron sus paisajes.

En la épica remontada del Río Santa Cruz, tirando sus balleneras desde la costa con sogas, los intrépidos tripulantes del Beagle no llegan hasta el Lago Argentino, de cuyo desagüe se forma el río. Sin embargo llegan a divisar la cordillera a lo lejos, “Desde lo alto de una colina saludamos con alegría los blancos picos de la Cordillera; los vemos de cuando en cuando perforar su sombra envuelta en nubes. Durante algunos días continuamos remontando lentamente el río, con mucha lentitud, porque el curso de este se hace muy tortuoso y nos vemos detenidos a cada paso por inmensos fragmentos de diversas rocas antiguas y de granito… En esas circunstancias creo que es imposible explicar el transporte de estas rocas gigantescas a tan larga distancia de la montaña de donde, sin duda, provienen, sino por la teoría de los hielos flotantes”, teoría posteriormente aceptada como la explicación científica que implicó la cobertura total de gran parte de la Patagonia Austral por extensos campos de hielo, hoy restringidos a las montañas donde aún guardan una elevada importancia como “campos de hielos continentales” y que fue en su momento, motivo de fuertes controversias limítrofes con Chile.

La desesperanza de no alcanzar las montañas se hace notar en el Diario de Viaje donde Darwin escribe, “No sin tristeza vemos de lejos estas montañas, porque tenemos que representarnos con la imaginación su naturaleza y sus productos, en lugar de escalarlas, como nos lo habíamos prometido”. Y realmente estaban muy cerca, aún más cerca del inmenso Lago Argentino que tampoco divisaron, y quedaron para otras geografías sorprenderse con los hermosos bosques de ñires y lengas, como los que atravesamos en el camino a la Laguna del Desierto y los que cruzamos navegando por el Río de las Vueltas. Paisajes que sin duda hubieran iluminado y deslumbrado la mirada crítica y profunda de uno de los naturalistas más importantes de todos los tiempos.

Dos experiencias, recorriendo las mismas geografías en espacios temporales, políticos y de conocimiento diferentes. Sin embargo las emociones se repiten, porque lo que no ha cambiado en la naturaleza humana es la capacidad de asombro, de maravillarse y de sobreponerse a los desafíos cotidianos, En eso, estos 200 años no han modificado nuestra capacidad para disfrutar de los viajes y los descubrimientos, de convivir con la naturaleza.

La Patagonia de hoy, sin duda, no es la misma que la que Darwin recorrió, que estuvo en los albores de una producción ganadera, de la que hoy en muchos vastos territorios (como en el Río Santa Cruz) sólo quedan ruinas o vestigios de su pasado esplendor. Los guanacos, abundantes por doquier, son los testigos de estos cambios que junto con los arbustos espinosos son los habitantes permanentes de estos inhóspitos territorios, hoy volcados paulatinamente a la conservación de la naturaleza y al turismo.

Lo que si cambiará sin ninguna duda, es la posibilidad de navegar libremente este formidable y caudaloso río (el cuarto de la Argentina). Las dos represas (Cóndor Cliff y La Barrancosa) que se están construyendo en estos momentos con financiamiento chino, serán una barrera infranqueable a su libre navegación, inexplicable transformación que afectará la profunda silvestria de estos territorios, dilema que seguramente se estará preguntando ese solitario guanaco que desde una colina cercana, miraba con sorpresa el movimiento de máquinas y camiones que le transformarán para siempre su paisaje.

Como quizás una ironía del destino, los materiales para las represas son desembarcados en el Puerto de Punta Quilla, denominado así porque en ese sitio atracó el Beagle en Abril de 1834 para reparar su maltrecha “quilla” y de esa circunstancia se originó la expedición de Darwin para navegar el rio Santa Cruz. Principio y final de esta historia…

PARTICIPANTES TRAVESIA PATAGÓNICA 2019: Ricardo Moreno; Sebastián Malizia; Daniel Ramadori; Gustavo Namen; Carolina Llavallol; Alejandro Brown.

Por ProYungas - 19 / 04 / 2021