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Ver para creer, una mirada retrospectiva

Alejandro D. Brown, Fundación ProYungas, Yerba Buena Tucumán, Julio 2026

Una frase muy repetida, utilizada hasta el cansancio, pero no por eso menos adecuada, es que “para proteger debemos conocer”, y ello implica poner en valor, difundir e involucrarse. Este proceso tiene al turismo de naturaleza como su principal aliado, que no sólo permite conocer, sino que también implica crear oportunidades laborales, de ingresos económicos, de valoración territorial  para quienes viven y producen en estos contextos ambientales relevantes o sobresalientes.

El Norte Grande, este conjunto de 10 provincias norteñas preservan un abolengo muy rico en biodiversidad, culturas y paisajes. A lo ancho de este territorio (30% del país) se pueden visualizar múltiples alternativas para realizar visitas en una enorme diversidad de opciones, calidades de servicio e infraestructuras. Muchas de ellas las hemos relevado durante la “Travesía Capricornio” que recorrió a pie y en bote la región por espacio de unos 140 días y más de 3000 km, entre mayo y septiembre de 2024. Esta travesía buscó dar visibilidad y poner en valor los atributos ambientales, sociales y productivos del Norte Grande, rescatando y potenciando emprendimientos de todo tipo. Porque una característica que vivimos durante todo el viaje es que, independientemente del contexto ambiental y social, la gente quiere salir adelante, no quieren seguir sumidos en la marginalidad que caracterizó muchas veces sus vidas. Hay esperanzas en un futuro mejor, donde sus aptitudes les permitan hacer la diferencia.

Si bien la Travesía Capricornio estuvo destinada a dar visibilidad a los paisajes y emprendimientos en marcha y otros potenciales, este recorrido se basó en experiencias previas en distintos espacios de este vasto y heterogéneo territorio. 

En primer lugar, me referiré al departamento de Valle Grande en Jujuy, particularmente en las localidades de San Francisco y Santa Ana que fueron unidas en jornadas de trashumancia en lo que llamamos en su momento “de la Puna a las Yungas” o “del desierto a la selva”. Por supuesto estos sitios tienen sus precursores, gente en su momento anónima que apostó a una idea innovadora, que poco a poco fue tomando cuerpo. Estos “adelantados” son cruciales, como lo fueron Lucy y Fredy con su emprendimiento “Tía Carola” y posteriormente muchos más que fueron incrementándose a medida que el lugar era más conocido y visitado. Ese espacio situado detrás del Parque Nacional Calilegua, fue mejorando paulatinamente su camino de acceso desde la Quebrada de Humahuaca, la disponibilidad de luz eléctrica 24 horas, internet, cajero automático, telefonía celular y mucho más. Hoy visitan el área más de 30.000 visitantes, de los cuales unos 10.000 van a las promocionadas aguas termales del Río Jordán. Con la apertura del camino vehicular que une Humahuaca con las Yungas, los amantes del trekking se desplazaron hacia el sendero Tilcara – San Francisco pasando por Molulo y San Lucas, donde se estiman entre 6.000 y 10.000 caminantes al año. 

El otro sitio es el “Bañado La Estrella” en Formosa. Este sitio era conocido hace unas décadas por sus conflictos entre gobierno, ganaderos e indígenas por temas de ocupación y tenencia territorial. Hoy convertido en unas de las “7 Maravillas Naturales de Argentina” y muy promocionado por su muy abundante y diversa avifauna, el Bañado es visitado anualmente por un creciente número de personas que superan los 1500 – 2000 turistas al año. En este caso los pioneros han sido las familias Ruiz y Maldonado. Con el primero realizamos una travesía de 11 días por el Bañado que contribuyó significativamente a la visibilidad de la zona y su “salvaje” contexto. El epicentro de atracción se encuentra en Las Lomitas y Fortín Soledad y las comunidades Pilagá de Campo del Cielo y del Descanso. Se ha mejorado la conectividad, los caminos rurales y por supuesto la promoción de los atributos ambientales y sociales del Bañado y de servicios para su recorrido náutico.

En ambos casos nuestra participación ha sido central, acompañando y potenciando tanto los esfuerzos locales como gubernamentales, que no es otra cosa que cumplir con el rol de las organizaciones de la Sociedad Civil, que sustentan su accionar en el marco de esquemas de cooperación nacional e internacional. En el primer caso fue con apoyo de la CAF y del FFEM (Fondo Francés para el Ambiente Mundial) y en el segundo con apoyo del FFEM y de la UE (Unión Europea). En ambos proyectos, la cooperación fue la que nos permitió hacer la diferencia en territorios alejados, marginales, pero que tienen un tremendo potencial para vincular los diversos actores y valores de una región.

Hoy al recorrer estos lugares, casi como un turista más, uno no puede menos que maravillarse por lo que el diálogo, la planificación, la mirada de futuro y la articulación público – privada pueden realizar. Refregarse los ojos y “ver para creer”.

Por ProYungas - 29 / 07 / 2026