Editorial, Institucional
Pasto cubano y rutas argentinas en el Norte Grande
Alejandro Diego Brown, Fundación ProYungas, Yerba Buena Tucumán, Abril 2026.
Durante un par de semanas de este mes de Abril, realicé una recorrida habitual por gran parte del Norte Grande, estas 10 provincias del norte argentino, promoviendo y avanzando en el desarrollo de Paisajes Productivos Protegidos, este programa de ProYungas que impulsa la reconciliación entre producción y protección ambiental. El Norte Grande representa el 30% del país en territorio, el 20% de la población y sólo (por ahora) el 8% de las exportaciones de Argentina. Sin duda un territorio marginado pero que conserva todo su potencial para ser la gran oportunidad de Argentina… o su “cinturón de plomo”, según como avancemos en estos temas.
Luego de un verano particularmente lluvioso, las rutas se presentan en su mayoría en un estado de evidente retroceso, con un deterioro importante de la cinta asfáltica, lo que dificulta y retarda los desplazamientos de productos, gente e insumos, a lo que se suma el potencial deterioro de los vehículos sometidos a un ritual de maltratos y desgaste. Quizás un emblema de este deterioro sea, sobre todo en el noroeste, el crecimiento exponencial del “pasto cubano” que flanquea nuestro transcurrir como un ejemplo vívido del abandono de las rutas y sus banquinas.


El denominado “pasto cubano” (Tithonia tubaeformis) no es un “pasto” ni es “cubano”, es una hierba de la Familia de las Compuestas (o Asteraceae), pariente de las “margaritas” en general que fue introducido accidentalmente en la Argentina a fines de la década del ´60, entremezcladas sus semillas con semillas de pasturas megatérmicas en Jujuy, desde Centro América. En poco tiempo invadió rutas y campos agrícolas y ganaderos y fue declarado como “plaga” en la década del ´80. Su control es obligatorio, al menos eso indica la norma establecida a tal efecto.
El crecimiento exuberante de este “pasto” en las rutas del Norte Grande representa una amenaza que trasciende la disminución de visibilidad para los conductores. Más allá de formar «paredones verdes» que dificultan la visibilidad, esta planta se convierte en un riesgo crítico durante las temporadas secas, al transformarse en un material altamente inflamable acumulado precisamente en las banquinas. Esta ubicación estratégica facilita el inicio de focos ígneos que pueden derivar en grandes incendios forestales, provocando una pérdida irreparable de biodiversidad en la región. Asimismo, la propagación del fuego hacia áreas productivas resulta en la pérdida de cosechas y un deterioro profundo en la calidad del suelo, afectando directamente el potencial económico y la salud ambiental de la «Casa Común» que este territorio representa.



Hoy son muchas las producciones del Norte Grande que pujan por alcanzar mercados crecientes en Europa, Asia, EEUU y países vecinos. Algunas ya lo hacen, por ejemplo, granos, algodón, yerba mate, té, celulosa, tanino, vinos y ganado, y otras lo harán próximamente (litio y cobre). Pero para ello requieren infraestructura vial, ferroviaria y energía, elementos que en el NG no sólo son insuficientes, sino que en muchos casos van de mal en peor, donde las autovías sólo representan el 8% de la Red Nacional y se encuentran en general en pésimo estado de mantenimiento y donde el ferrocarril, hasta ahora, está jugando un rol secundario. Para darse una idea de la relevancia del sistema vial, entre los puertos de Rosario y Timbúes, de donde sale el 80% de nuestras exportaciones, llegan en el período de mayor exportación un par de decenas de miles de camiones diariamente!
“Pasto cubano” expandiéndose exponencialmente y rutas del norte argentino en franco y creciente deterioro son la semblanza de un país que no buscamos, sino todo lo contrario. En estos momentos donde observamos con estupor y pena las consecuencias políticas y económicas del modelo cubano, la sola mención de este “pasto” nos lleva inevitablemente a no querer seguir sus pasos de deterioro y aislamiento, al menos en esta parte del territorio nacional que concentra el 82% de la expansión agropecuaria y forestal actual, pero que clama por más atención. El desarrollo productivo es central para mejorar la economía y la gobernabilidad del país y ello es clave para preservar los bienes y servicios de una naturaleza directamente afectada por las decisiones humanas y sus consecuencias en la calidad de vida de una sociedad largamente postergada.

