Editorial, Institucional
Aapresid: cuando producir también es una forma de conservar
Por Alejandro Brown, Fundación ProYunga
Hace muchos años que desde ProYungas participamos de los congresos de Aapresid. Puede parecer extraño que un biólogo que preside una organización de la sociedad civil dedicada a la conservación de la naturaleza, venga a estos encuentros de productores, pero para mí es justamente al revés: si queremos abordar los problemas ambientales en la magnitud que tienen, necesariamente tenemos que trabajar con el sector productivo.
El ambientalismo tiene una función importante cuando denuncia, señala y marca la cancha. Pero la denuncia por sí sola tiene un recorrido limitado. La solución, que es finalmente lo que importa, requiere trabajar con quienes producen, con quienes están todos los días en el territorio.
Ese es, en buena medida, el camino que hemos transitado desde ProYungas. Al principio no fue fácil, y probablemente nunca lo sea del todo. Pero los procesos avanzan. Hoy trabajamos con cerca de 80 empresas y hemos superado los 3 millones de hectáreas de Paisajes Productivos Protegidos. Lo importante de este concepto no es solamente que haya producción y naturaleza en un mismo territorio. Es que quien produce se hace responsable también de la conservación del paisaje del que forma parte. Y esto es algo que todavía no hemos sabido poner suficientemente en valor. No lo conoce la sociedad, no siempre lo conocen los gobiernos y, muchas veces, tampoco los propios productores.
Estamos acostumbrados a hablar de cuánto depende la producción de la naturaleza: del agua, de la regulación climática, de la polinización, del control de plagas o de la fertilidad de los suelos. Todo eso es cierto. Pero hay otra relación que necesitamos empezar a reconocer: la naturaleza también necesita de la producción.
Una buena producción genera empleo, arraigo, tecnología, recursos económicos y gobernabilidad. Genera las condiciones para que una sociedad pueda conservar sus territorios. Por eso puede resultar provocador decirlo, pero creo que tenemos que empezar a discutirlo: la naturaleza necesita de más y mejor producción. No de cualquier producción, sino de una producción que incorpore la conservación como parte de su propia gestión.



Esto también cambia la manera en que debemos mirar las exigencias ambientales que llegan desde otros mercados. Muchas veces el productor argentino ve a la Unión Europea como un adversario que impone reglas desde una realidad muy diferente a la nuestra. Hay razones para discutir esas regulaciones, pero también tenemos que verlas como una oportunidad.
El desafío es mostrarle al mundo cómo se produce en la Argentina. Cuando llevamos visitantes europeos a recorrer el Norte Grande y conocen directamente nuestros territorios, muchas de las imágenes simplificadas con las que llegan empiezan a cambiar. Tenemos que ser capaces de mostrar lo que hacemos bien y, al mismo tiempo, reconocer aquello que todavía tenemos que mejorar. Por eso en ProYungas preferimos trabajar sobre los aspectos positivos. Reconocer y poner en valor lo que el sector productivo ya hace bien permite construir un diálogo diferente, basado en la confianza. Y desde allí es mucho más fácil discutir lo que falta.
Hay un dato que resume buena parte de esta discusión: hoy existe más naturaleza conservada en territorios productivos privados que en todo el sistema de parques y áreas protegidas provinciales. Sin embargo, casi nadie lo sabe. Ni la sociedad, ni los gobiernos, ni siquiera muchos de los propios productores. Quizás tengamos que abandonar definitivamente la idea de que conservar significa dejar todo quieto. La conservación del futuro va a necesitar territorios productivos, productores comprometidos y mejores formas de gestionar los paisajes.
A eso venimos a Aapresid: a buscar socios para esa conversación. Porque la conservación no se construye desde afuera del territorio. Se construye trabajando con quienes lo habitan, lo producen y tienen también la responsabilidad de cuidarlo. Producción y conservación no son una falsa grieta. Son parte de un mismo desafío.


