Institucional
Agua, recurso vital en los ecosistemas subtropicales para el ganado y la fauna silvestre
Por Alejandro Brown, Presidente Fundación ProYungas.
Las especies de abolengo tropical que habitan el límite sur de su distribución geográfica han debido adaptarse a un clima esencialmente cambiante, tanto en relación a las precipitaciones como a las temperaturas. Entre años y en ciclos de varios años, han soportado períodos secos a muy secos y años donde las temperaturas han sido muy frías por debajo de 0° C. Ello está comprobado por distintas metodologías, tanto de reconstrucción histórica como de análisis de la dendrocronología. Esto ha sido particularmente notable tanto en el Gran Chaco como en las Yungas australes, dos ecorregiones que limitan entre sí por espacio de varias centenas de kilómetros y que comparten una símil fauna de grandes y medianos mamíferos (tigre y otros felinos, tapir, pecaríes, corzuelas, gualacate, agutíes, carpinchos, etc.).
En un estudio histórico (entre 1580 y 1900) realizado en relación al chaco semiárido y sobre información documentada en Santiago del Estero, la ciudad más antigua del noroeste argentino y que cuenta con un importante registro de actividades productivas y de eventos catastróficos como sequias e inundaciones, se pudo datar los períodos donde la población pasó por importantes situaciones de merma y disponibilidad de granos y otros cultivos para alimentar la población y sus animales. Asimismo se vivieron importantes eventos de inundación y cambios de cauce del río Dulce por ejemplo. Todo ello reflejando cambios muy importantes de la disponibilidad y del exceso de agua. A partir de estos documentos ellos establecieron los períodos comprendidos entre los años 1580-1610, 1730-1750, 1771-1805, 1844-1853, 1894-1902 como de importantes sequías. Esta recurrencia de períodos críticos, que no guardan una periodicidad evidente, han estado intercalados con períodos de medianas a intensas precipitaciones, tanto en las cabeceras hídricas en las Yungas tucumanas como en la propia región chaqueña. Los períodos de sequía han implicado períodos que van desde unos pocos años seguidos, hasta 30 años contiguos, aunque en algunos casos ocurrieron algunos años menos desafortunados en el medio.
Lo mismo ocurrió en las Yungas australes, donde a partir del análisis del grosor y estructura celular de los anillos de crecimiento, se constató la ocurrencia e intercalado de períodos secos y húmedos, reiteradamente durante los últimos 300 años. Si bien el tipo de información y análisis son diferentes, se evidencia cierta concordancia cronológica entre los eventos del Chaco y Yungas, dado que ambos responden a las mismas variables climáticas regionales. Los estudios en Yungas han determinado además que las últimas décadas a partir del ´40-´50, han sido particularmente húmedas, por lo que se puede inferir que las actuales sequías en parte son un reflejo débil de lo que ocurrió en ciertos períodos prolongados del pasado.

Adicionalmente, muchas veces estos períodos secos se anteceden de épocas de heladas intensas, y ambos procesos, sequía y heladas suelen desencadenar importantes incendios de pastizales y forestales en estas regiones, que si bien pueden estimular el rebrote de pasturas para los herbívoros, también es una amenaza directa para los mamíferos reduciendo circunstancialmente la superficie de hábitat útil.
Esta situación que genera dificultades enormes en la economía agropecuaria regional, tanto histórica como actual, también tiene que tener un efecto muy importante sobre la fauna silvestre, imposibilitada muchas veces de acceder a sitios con agua permanente, que son pocos y alejados entre sí.
Lista de reproducción de fauna abrevando
En ese sentido, y con la fragmentación de los ecosistemas silvestres por tierras transformadas y con el desarrollo de infraestructura vial, el desplazamiento de la fauna por grandes distancias debe ser extremadamente complicado. De tal modo, y como se está registrando cada vez con más intensidad, la fauna silvestre “aprovecha” la infraestructura rural (tajamares, bebederos en Chaco; canales de riego en Yungas) como circunstanciales (y quizás no tan circunstanciales) lugares de abrevadero de vital importancia en momentos críticos.
Por otra parte, varias de las áreas protegidas de la región chaqueña no presentan áreas de agua permanente, sobretodo en períodos donde la sequía es intensa y se prolonga por varios años, lo que también agrava la situación para la biodiversidad regional. De tal forma que la construcción de aguadas artificiales que acumulan agua durante las lluvias estivales y los bebederos alimentados con agua subterránea, pueden ser fuentes alternativas de gran importancia y una contribución del sistema productivo a mantener poblaciones que muy posiblemente en estos períodos críticos pueden verse considerablemente disminuidas.
*Imágenes de titular cortesía de Cooperativa Neuland. PPP Paraguay. Proyecto Pilcomayo Trinacional y Monitoreo de biodiversidad en Ledesma. PPP Argentina.

