Biodiversidad y Conservación
La ardilla roja o la ardilla de las yungas: ¿la conocías?
En las selvas del noroeste argentino vive un animal que parece sacado de un libro de cuentos para niños.
No siempre terminamos de conocer todos los seres vivos que habitan en una selva de altura o en las yungas argentinas, pero en particular, hay algunos animalitos que parecen haber salido de un cuento, y que debemos conocer.
La ardilla roja o ardilla de las yungas, Sciurus ignitus, es el único representante para el noroeste argentino del grupo que conforman las simpáticas ardillas, y habita en la selvas montañosas del noroeste de Argentina y áreas colindantes de Bolivia.
Según el portal Noroeste Salvaje, por lo general, las ardillas sudamericanas tienen un pelaje tupido, hirsuto, algo cerdoso y sobre todo carecen de la lanilla que se extiende por debajo del pelo. Esto, por lo común, sucede con animales que viven en las selvas tropicales o subtropicales, ya que el clima reinante es bastante benigno, con temperaturas no tan altas pero sí bastante homogéneas a lo largo del año.
La vida de esta ardilla se desarrolla por completo en las altas ramas de los árboles. Esto no quiere decir que nunca baje a tierra, pero lo que sí puede asegurarse es que no le hace falta, por cuanto en el mundo arborícola en que vive encuentra todo lo que necesita. Por ejemplo, la comida, que puede consistir en frutos, semillas y, por supuesto, nueces silvestres. Además, al agua la encuentra entre el follaje de numerosas plantas epífitas que la acumulan entre sus hojas luego de las copiosas lluvias o del mismo rocío. El refugio lo consigue en los abundantes huecos naturales de los árboles, o en los orificios practicados por los pájaros carpinteros, los que son revestidos con musgos o líquenes, sobre todo en época de reptroducción. No se conoce el tiempo de gestación, como muchos datos más de la vida de este animal tan interesante.
A veces, se la puede observar durante escasos minutos, localizándola por los restos de nueces mordidas -de manera muy peculiar gracias a los afilados incisivos que posee- que caen en el suelo. Por cierto, se trata de animales excesivamente sigilosos y fundamentalmente ágiles, desapareciendo rápidamente del campo de visión de quien logra advertirlas. Todos los movimientos cotidianos los ejecuta en horas diurnas y, seguramente, tiene muy pocos enemigos que podrían atraparla. En cuanto al humano, este sólo incide de manera indirecta, pero muy eficaz, por la tala desmesurada de bosques.
A pesar de tratarse de un animal eminentemente arborícola, a veces es posible sorprender a un ejemplar de esta especie en tierra, como nos muestra esta hermosa imagen.
Fuente: www.elintransigente.com