Biodiversidad y Conservación
Oportunidad histórica para liderar la agenda ambiental
El escenario local y el contexto internacional señalan al 2016 como un momento bisagra para la agenda medioambiental argentina. A uno año de la publicación de la encíclica Laudato Si’, a meses del acuerdo histórico global sobre cambio climático logrado en París y el lanzamiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en septiembre 2015, esta agenda se presenta como terreno fértil para avanzar en acciones concretas.
Impulsada por estos hitos, Argentina ha creado, dentro de su estructura institucional, la cartera de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación y un organismo específico en el Ministerio de Energía y Minería, además de la legislación y las políticas que buscan promover la diversificación de la matriz energética con fuentes renovables. Hoy nos encontramos frente a la posibilidad de aprovechar el gran potencial de Argentina para el desarrollo de energías renovables: energía eólica, solar y biomasa, entre otras.
Un paso correcto en esta dirección fue avanzar en la reglamentación de la ley 27191 sobre el régimen de fomento nacional para el uso de fuentes renovables de energía destinado a la producción de energía eléctrica, aprobada en 2015 con amplio consenso parlamentario, que determina que para 2017 deberemos contar con el 8% de la electricidad disponible generada por el viento, el Sol o las centrales hidroeléctricas, entre otras fuentes. En este sentido, observamos gran interés en lo que respecta a inversiones nacionales y extranjeras en el área de las energías renovables.
La agenda ambiental implica también otros desafíos, como temas regulatorios pendientes en relación con la gestión de residuos, residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), envases, así como la Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo (Acumar).
Desde AmCham, la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina, promovemos el debate que favorecerá la mejor normativa para la gestión de los aspectos críticos a lo largo de las diversas cadenas de valor productivas, al evitar la dispersión y la superposición en el tratamiento de temas legislativos. Esta construcción colectiva requiere una mirada a largo plazo sobre la base de instituciones sólidas que consideren los impactos sociales y ambientales de la gestión en materia de medioambiente.
Para ellos estamos todos convocados al cuidado de la casa común, nuestro planeta.
Fuente: INFOBAE